Reseña de “El Orden Divino. Alpha”, por Claudie E. Juglans (Amazon Kindle, 2021).
Si a cualquier autora de novela le dices que te has leído su obra porque te lo han ordenado, seguramente no acabará de tomárselo bien. Obedecer y disfrutar no suelen ser conceptos que vayan de la mano en el mundo vainilla. Afortunadamente, la autora de la novela que voy a reseñar, la gran Claudie E. Juglans pertenece a ese extraño mundo —para el común de los mortales— del BDSM en el que obediencia y placer no son espacios opuestos sino momentos de un mismo proceso vital. Placer de quien obedece y placer de quien ordena en una relación (hay siempre que repetirlo mil veces) libremente consensuada, sana y segura. Precisamente como parte de una dinámica de obediencia para hacerme este periodo de castidad más difícil —y con ello más placentero— tengo un plan de lectura erótica mixto: voy alternando una obra elegida por mí —pero ratificada por mi Dom—, y otra directamente ordenada por él, de obligada lectura.
Tomé contacto con la autora de la forma más sencilla. Decidida a entrar en el mundillo de X/Twitter busqué autores de relatos eróticos y ella fue de las primeras que me recomendó la red. Y pese a la admiración que desde el principio me causó, he de admitir que su novela tenía todo lo necesario para que no me decidiera a leerla de inmediato: homoerotismo y fantasía. De homoerotismo no había leído absolutamente nada hasta El Orden Divino y de fantasía lo último que recuerdo es una antología de relatos de terror gótico que estaba en la biblioteca municipal del barrio en tiempos en los que escuchaba compulsivamente 2 Unlimited en un walk-man. Así que tenía en permanente lista de espera leerme su obra. Mi Dom lo sabía y ha sido la primera obra que me ordenó leer. Si sabéis algo de BDSM seréis consciente de que una relación D/s es compleja y que muchas veces la parte sumisa intenta manipular a la Dominante para que se cumplan sus gustos. Es algo retorcido pero como sumisa siento un placer especial cuando intento manipular a mi Dom para que me obligue a hacer cosas o deje de hacerlas. Y eso fue lo que intenté dándole argumentos. Se suponía —eso le dije al Dom— que la lectura era para calentarme y excitarme haciéndome más difícil el periodo de castidad. Si el homoerotismo no me excitaba, mi Dom no conseguiría su objetivo. Podría leerla —nótese mi argucia— en otro momento, quizá en Navidad después del periodo de castidad impuesto.
El resultado a la vista está. Si he escrito esta reseña es porque mis triquiñuelas no funcionaron con el Dom; y esta es una de las pequeñas maravillas de una relación D/s: cuando por un retorcido camino tu Dom consigue ordenarte aquello que deseas y necesitas aunque no lo quieras de primera mano. Es un momento mágico que difícilmente puede describirse si no se vive.
Entro ahora en materia. ‘El Orden Divino. Alpha’ es la primera de una trilogía. El hilo conductor, al menos de esta primera parte, es la relación entre un ángel, Ciel, y un aparentemente común humano, Lawrence Evans (“Lawrie”). Lawrie, gracias a una beca y a determinados favores eróticos, ha conseguido llegar a la Universidad Alfa. En ella comenzará una relación con Ciel que acabará descubriendo que ese chiquillo tiene algo especial y donde un demigod Dante actuará como un antagonista especialmente sádico con Ciel. No destriparé mucho más pero destaquemos algunos elementos de la novela que la hacen especialmente interesante.
El primero, y evidente, es que estamos en una novela intrínsecamente eróritca BDSM. La mala literatura erótica es aquella cuya trama, contexto y ambiente, no son en sí mismos eróticos. En este tipo de malas novelas, el erotismo es añadido externamente y de forma superficial. En cualquier momento podemos hacer que nuestros protagonistas se acuesten con quien quiera y narrarlo con pelos y señales. Luego continúa la trama hasta que llega la siguiente escena erótica que no hace avanzar la trama. Esa trama y las situaciones que resultan en sí mismas no son erótica sino algo mundano y normal a lo que el autor omnisciente erotiza simplemente añadiendo sexo. El ‘Orden Divino’ es todo lo contrario a esa mala literatura erótica. Para empezar, sus propias premisas ya son intrínsecamente eróticas: existe una jerarquía divina de seres que por su propia naturaleza tienden a dominar sobre sus inferiores y a obedecer a sus superiores. Esto Claudie lo plantea como el punto de partida. El Universo en el que están Ciel y Lawrie simplemente es así. Claudie Juglans recoge con ello algo íntimo de muchas de las personas vinculadas al BDSM: la conciencia de haber nacido así. Somos lo que somos; nuestras tendencias de dominar o someternos nos las encontramos en nuestra vida ya dadas. No han venido impuestas desde fuera. Ahora bien, este orden de las cosas —este "orden divino"— con el que nos encontramos, ¿hasta qué punto anula nuestra libertad? ¿Nuestra entrega es menos libre por está inscrita en nuestra naturaleza? Es el problema que se plantea explícitamente con Lawrie, un personaje peculiar envuelto en un Orden Divino en el que no parece encajar. Esta tensión personalmente es lo que me mantiene en la intriga y con ganas de leer las siguientes novelas de la trilogía.
Lo segundo a destacar, es el estilo y la narración de las propias escenas eróticas. Si el homoerotismo y el género fantástico impidieron acercarme inicialmente, los comentarios que leía en Amazon sobre lo fuerte de la novela me causaban profunda curiosidad. Las escenas, al menos en esta primera novela, no me parecieron especialmente descarnadas pero esto seguramente se deba a que no las leo desde una perspectiva vainilla. Desde mi propia experiencia, las escenas son exquisitas en su narración y descripción. Especialmente disfruté de algo poco narrado y que para mí es una de las posturas sexuales favoritas: el “anal misionero”. La posibilidad de ver el rostro de tu Dom directamente mientras te lo practica sin tener que darle la espalda es una de las cosas que considero más excitantes y que pocas veces se narra o al menos, yo no la había leído hasta ahora. Los castigos y la relación erótica en sí misma está magníficamente expresada. Claudie E. Juglans no es ninguna mojiganta describiendo y narrando lo que debe ser narrado de tal forma que podemos meternos en el placer y gozo de los personajes así como en su dolor con un lenguaje directo y cuidado sin, por otra parte, ser excesivamente vulgar.
Y tercero, la gran pregunta. ¿Me he excitado leyéndola? ¿Me ha complicado este locktober? La pregunta no es baladí. De una novela de intriga se espera que te intrigue. De una comedia que te haga reír. De la literatura de terror se espera que algo de miedo consiga transmitirte. Y de la literatura erótica se espera que te erotice. Y desde luego que sí lo ha conseguido. Como lectora sumisa me ha sido facilísimo empatizar con Lawrie y con ello, excitarme en sus escenas si bien tendía a pensarla como mujer. Pero la carga erótica ha sito tal que no ha sido ningún problema dejarme llevar por la narración. Así que el objetivo está cumplido.



Muchísimas gracias por tu reseña. Admito que estoy deseando que leas las dos siguientes por la curiosidad de conocer tu opinión sobre el resto de la trama y la conclusión.
ResponderEliminarY ahora, una curiosidad: escribí homoerótica por una cuestión muy personal, y es el rechazo que el FemDom, tan pornorizado, me llegaba a causar. Para mí el género de los personajes no es relevante, y yo misma, siendo mujer, me identifico con dos de ellos...
Algo que no he comentado en la reseña porque quería acabar la trilogía, es precisamente el hecho de que escogieras una temática homoerótica en vez de la propia FemDom. Puedo equivocarme, pero la sensación que tengo es que pese a alguna referencia a la madre de Lawrie, creo recordar, las mujeres no aparecen lo que refuerza el componente fantástico. Para mí, son ángeles en el sentido de la angelología tradicional: seres asexuados que no se vinculan a ningún género. La sensación que tuve es que en ese universo sólo hay un género, lo que simplifica las relaciones de dominación en la compleja jerarquía de seres celestiales. El fácil identificarse con ellos porque pese a ser varones sus rasgos de personalidad son compatibles con ambos géneros. Puedo identificarme con Lawrie como sumisa porque pese a ser un varón ese rasgo no es el definitorio de su personalidad, cuyo interés está en su entrega sumisa libremente aceptada. Ya te lo dije en privado pero me comprometo aquí públicamente a hacer una reseña conjunta cuando acabe la trilogía.
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