Castidad, cacharros en mi vagina y literatura erótica

Para los que se seguís en X/Twitter ya sabéis que estoy en pleno locktober. Para mi sorpresa, lo que pensaba que iba a ser sólo un mes va a alargarse posiblemente hasta el puente de la Inmaculada Concepción —no haré chiste al respecto— o hasta la Navidad según la sacrosanta voluntad de mi Dom. La lógica de mi Señor ha sido aplastante: ya había logrado en verano estar 21 días sin orgasmos así que pasar a 31 días no supone un reto especialmente difícil. Más si cabe cuando mi Dom es comprensivo y las órdenes sobre cuándo y cómo llevar el cinturón de castidad son bastante laxas: en principio sólo lo llevaré en casa, salvo cuando vengan visitas, salvo cuando tenga problemas con mi continencia urinaria,salvo cuando mi alocada e imprevisible regla premenopaúsica hace de las suyas o salvo si aparece algún rozamiento o "cualquier cosa que pudiera hacerte daño". Vamos, que con semejante indefinición legal podría pasarme todo el tiempo sin llevarlo. Eso sí, soy buena e intento hacer el esfuerzo de ponérmelo. También deberé salir algunos días a comprar con él. Nada complicado. Salir a comprar por el barrio y volver. Ya os contaré la experiencia, lo prometo.




Eso sí, el plub vaginal ya forma parte de mi rutina. Formaba parte de ella antes de comenzar este periodo casto pero ahora ya casi se ha convertido en mi "seña de identidad" como sumisa. Me explicaré. Lo bueno que tiene el modelo (S Squeezer) es que es endemoniadamente cómodo (podéis ver un vídeo sobre él en inglés aquí). Y eso es también lo malo que tiene para las bdsmeras empedernidas con vocación masoquista de sufrimiento por nuestro Dom. Llega un momento es que es como llevar las gafas puestas. Ni te das cuenta. Le he estado dando vueltas y me he rallado completamente porque estaba obsesionada con que debía de sufrir. Mi Dom se ha enfadado y el próximo fin de semana me castigará porque me dijo que no quería que sufriera llevando artilugios y yo he seguido empeñada en ello. Ya estoy más calmada al respecto precisamente porque me ha pasado igual que con las gafas. Cuando las llevas puestas no las notas pero cuando te las quitas es cuando te das cuenta que algo te falta. También ocurre con algunos anillos, cadenas o pulseras cuando comienzan a ser una prolongación de tu personalidad. Entonces descubrí que ese podía ser el propósito de una sumisa con su plug vaginal: de algún modo, hacer que forme parte de tí, de tus rutinas y liturgia BDSM como ofrecimiento que hago a mi Dom. Así cuando me lo quito, siento un vacío que me ayuda a querer llevarlo cuanto antes. Aunque no estaría mal rogar, humildemente, que mi Dom piense en cambiar de tamaño. Hay 4 diferentes y yo tengo el 2.


El plug vaginal que utilizo es como este pero en rosa


Lo que si está siendo especialmente estimulante es el plan de lectura erótica al que me obliga someterme. Sabe que leer siempre me ha excitado más que lo visual y ha decidido que lea sistemáticamente cada noche entre 45 y 60 min. de literatura erótica. Hay títulos que los ha elegido él y otros que los elijo yo. Quiere que sea por turnos. Uno él y otro yo. Eso sí, aunque lo elija yo, él debe dar su nihil obstat pertinente como ordinario del dormitorio. A veces estoy leyendo en la cama y comienza a toquetearme. Debo evitar no distraerme ya que tengo orden expresa de no abandonar por nada la lectura ni alcanzar, por supuesto, ningún orgasmo. Otras veces no me hace nada y está a su arbitrio leyendo, jugando con el portátil o cualquier otra cosa. Siempre me ocurre con muchas de nuestras prácticas, que no sé si me excita más que sea activo o que se muestre indiferente. A ambas cosas le saco partido.



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