Castidad. Reflexiones y experiencia.

Hace unos días, la genial domme Claudie Juglans ha creado una comunidad en X sobre la castidad que ha servido para despejar las dudas sobre el primer tema que tocaría al reiniciar el blog después del final de curso universitario y las vacaciones. Como ya sabéis, he escrito sobre los cinturones de castidad femeninos y ahora quiero reflexionar con vosotros sobre la experiencia de castidad en sí misma y no tanto sobre las cuestiones de artilugios y técnicas, aunque al final prometo comentar alguna práctica. Artilugios y técnicas, por otra parte, que a los bdsmeros nos encantan pero es sólo la parte más vistosa y que llama la atención a los que nos miran en la distancia. 




Antes de cualquier reflexión quiero dejar sentada dos cosas. La primera que en todo momento estaré hablando de la castidad erótica, es decir, la castidad en el seno de una sexualidad vivida de modo saludable, y añadiría aunque suene pedante, feliz. No todo el erotismo ni la sexualidad es genital ni penetrativa. Eso ya lo sabemos o deberíamos saber. Quien me siga sabrá que no hace mucho mi marido/Dom sufrió una operación y al poco tiempo también fue operado nuestro peque. Dos postoperatorios complicados en que me dejé la piel. No me he puesto a contarlo, pero pasamos por lo menos medio año sin relaciones sexuales de ningún tipo. Es más, creo que dejé de pensar en ello. Simplemente, sentí que mi sexualidad se esfumó porque estaba centrada en otras cuestiones vitales. Pues bien, este NO es el tipo de castidad al que me estoy refiriendo aquí. Aunque yo personalmente no lo viví como algo traumático ni negativo, este tipo de ausencia de sexualidad puede ser vivida de modo infeliz y dolorosa por mucha gente y mi consejo es que busque ayuda cualificada si es que supone un problema para su vida. Si no tienes ningún problema, no pasa nada por ser asexual o pasar por tiempos de asexualidad total siempre que tú estés bien.

La segunda cuestión, y esto nunca está de más remarcarlo, siempre hablamos de una práctica consensuada y segura. Segura en los dos planos, el físico y el mental. Lo escribí cuando hablé del cinturón de castidad y lo remarco: la castidad en una relación D/s no está al servicio de los celos patológicos del presunto Dom. Si temes que tu novia o novio te ponga los cuernos y crees que teniéndolo en castidad vas a evitarlo, vas mal. Así no funciona la cosa. No es que sumisos y sumisas nos sometamos a través de la castidad. Es porque ya nos hemos entregado completamente a nuestro Dom por lo que ofrecemos nuestra castidad. Hace años, cuando los foros estaban más de moda, me he encontrado con sujetos —estas neuras suelen ser cosa de hombres— que preguntaban cómo convencer a sus novias para que utilizaran el cinturón de castidad porque temían que les fueran infieles. Y no me lo encontré una, sino varias veces en discusiones sobre cinturones femeninos. Si eres de los que piensan eso, ve a un psicólogo o por lo menos cultiva tu autoestima porque la castidad erótica no es para eso. En una relación D/s verdaderamente auténtica, no fingida ni impostada, las personas sumisas nos entregamos de tal forma que, si lo hacemos en exclusiva, el simple hecho de ser infiel nos produce repulsión. En mi caso es así. Me pienso traicionando a mi Dom e inmediatamente siento auténtico asco de mi misma. Y si tu Dominante es verdaderamente dominante será lo suficientemente seguro como para saberlo. Por tanto, la castidad no nace como fruto del temor sino de la entrega libre. La castidad es un ofrecimiento, una oblación, por la cual colocamos completamente nuestra sexualidad en manos de nuestro dominante para que tome su control y haga con ella lo que desee. Ya es suya y no nos pertenece. Esto puede incluir artilugios (cinturones, cajas, plug, piercings) pero no tiene por qué ser necesariamente así. Mi Dom me recuerda que la castidad, tradicionalmente, es definida como una virtud y que la virtud es una disposición habitual y firme de hacer un bien. Es una disposición de toda nuestra persona, no de una parte. No se trata sólo de restringir o taponar una zona de tu cuerpo para evitar que entre o salga alguna sustancia o cosa. Se trata de que esa restricción exprese externamente y simbólicamente la entrega de ese control de tu sexualidad al Dom. Creo que es la forma más sana, al menos para mí, de entenderla en el contexto BDSM, incluso cuando se utiliza como técnica de castigo o premio a la persona sumisa. Incluso cuando la castidad erótica se practica de modo individual sin tener una pareja dominante, tiene ese componente de entrega: es una forma de cultivar esa virtud de donación por si en un futuro encontrásemos esa persona digna de recibir ese regalo.

Y esto nos lleva a otra cuestión: la del Dominante. Lo que se le entrega no es cualquier cosa. Es tu persona porque la sexualidad forma parte intrínseca de nuestra identidad como seres humanos. La gran señal por la que se descubre a un gran Dominante frente a un dominazorzuelo, es ver qué hace con eso que se le ha entregado. Voy a ponerme evangélica aquí. Hay quien entierra esa entrega, como en la parábola de los talentos, por miedo a perderla y no hace que fructifique. Y otros que la hacen crecer, la moldean, la embellecen y consiguen llevar la sexualidad del sumiso o sumisa a un nivel superior, a un terreno no explorado o solamente soñado por el sumiso. Y aquí no hay recetas, ni artilugios, predeterminados. A veces, la castidad erótica se manifiesta como supresión de la masculinidad o feminidad. A menudo esa la masculinidad, feminidad o intersexualidad no se suprime. Lo que se suprime es su manifestación externa. Por ello, muchas veces el uso de aparatos de castidad masculinos van unidos a la feminización o adopción de roles y apariencia femenina. Hay quien afirma que en el caso contrario, el femenino, esto no se da porque el Dominante lo que desea es hipersexualizar a la sumisa para su uso pero esto es erróneo. No todas las sumisas soñamos con que nuestro Dom nos "emputezca" (entiéndase: que nos expresemos de modo más erótico en público). Lo más equivalente a un proceso de feminización y bloqueo genital masculino es esa imagen, tan atrayente para mí, de una sumisa rapada, completamente calva, con su cinturón de castidad puesto. No voy a negar que es una de mis fantasías aunque por desgracia a mi Dom le gusta demasiado mi pelo. 

Lo que quiero decir es que las dinámicas que implica la castidad erótica no son unidireccionales ni iguales en cada relación. Ni siquiera tienen por qué durar siempre. Puedes pasar por una fase en la que tu Dom quiera que vayas siempre con minifalda y otra en la que te tapes como una victoriana mojigata del siglo XIX. Todo lo que somos se entrega con nuestra castidad. Por eso la castidad va unida a utensilios o a modificación de comportamiento. No se trata de no tener orgasmos por no tenerlos y que todo siga igual. Significa moldear tu comportamiento sexual al gusto del Dom porque eso mismo te fascina y genera en tí unos sentimientos eróticos que la mera reciprocidad no consigue. Por algo somos sumisos/as. Si tu Dom no es un mero narcisista egoista (y ojo, hay sumisos/as a las que por desgracia este perfil les atrae) sabrá no sólo moldearte y usarte a su gusto sino darte lo que te gusta e incluso aquello que no sabías que te gustaba pero que luego disfrutas y ya no podrías pasar sin ello. En mi caso, disfruto de lo que mi Dom me da. Disfrutaría estando calva y casta para él pero también disfruto si muestro mi feminidad escotes un poco más atrevidos de lo que por mí misma llevaría o cuando hace que me masturbe y me ordena interrumpir en ese punto exacto en el que la frustración sexual se convierte en un tesoro que recobraré multiplicado en otra sesión.

Dicho todo esto se comprende mejor el significado cotidiano de la práctica de la castidad erótica: su tremendo poder amplificador. Tanto de tu sexualidad como de tu placer, bien cuando tu Dom permite el orgasmo bien cuando vas acumulando "tensión sexual no resuelta" a lo largo de los días. Para mí, lo más bonito de una relación D/s es la capacidad de dotar de erotismo y sexualidad gestos cotidianos. Pongo el ejemplo más reciente, de este pasado lunes. Mientras me arreglaba para volver al trabajo, Jose me dijo "Déjate el pelo suelto". Generalmente suelo recogérmelo de algún modo. Sé que a él le gusta mi pelo suelto pero no tengo ninguna orden al respecto para llevarlo siempre de un modo determinado. Pero en el momento que me lo ha dicho no dudo en obedecer. Este simple gesto, intrascendente para el resto de gente que se topa conmigo durante el trabajo, adquiere ahora un sentido erótico, si se quiere débil pero que me acompaña durante horas. Si esto es así, imaginaros lo que supone un cinturón de castidad o, algo que he experimentado este verano, el plug vaginal. El modelo que compramos fue el plug vaginal G Squeeze (pongo el enlace a un vídeo en inglés). El único problema que he tenido con él por ahora es que es demasiado cómodo. Tal vez debería haber comprado un tamaño mayor, no sé. Soy novata en esto pero a veces me gustaría que me molestara un poco más. Así que la ventaja frente al cinturón de castidad es que lo puedes utilizar todo el rato salvo con la menstruación. Esto siempre es un problema y aunque en algunos sitios en inglés he leído que hay quien se lo pone, sinceramente, creo que puedes tener problemas de salud que no merecen la pena. Si quieres una idea kink, sustitúyelo por un tampón y ata en su cordón algo que te recuerde al Dom, por ejemplo.

Una relación D/s también supone comunicarse. No se trata de que el Dom adivine mágicamente qué te gusta. Si hay comunicación y conocimiento mutuo se consiguen dinámicas muy chulas. En mi caso, por ejemplo, me es treméndamente difícil alcanzar un orgasmo sólo y exclusivamente con la penetración vaginal. He llegado a conseguirlo pero me es muy difícil y no puedo controlar en qué situación lo tendré o no. Lo cual no significa que no me excite la penetración, simplemente que no llego al climax. Así, en el momento en el que me ata o me pone unas simples esposas, no puedo utilizar mis manos y quedo completamente a merced de él, lo cual aumenta mis sensaciones. Me encanta.

Como recapitulación final, la castidad como entrega de nuestra sexualidad se traduce en múltiples practicas BDSM en la que la tensión se va acumulando. Por eso prácticas como el edging y en general, cualquier control del orgasmo y la excitación sexual por parte del Dominante, hacen que nuestra castidad cobre sentido erótico pleno. En mi caso no saber cuando mi Dom me va a regalar un orgasmo hace que cuando llegue sea verdaderamente intenso. Mucho más de los que él tenga. Él me ganará en cantidad pero yo en calidad, de eso estoy segura. 

Comentarios

  1. Me ha encantado la entrada, muchas gracias por expresarte tan bien. Saludos

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias ScheherezadeDom. Me gusta que mis sentimientos conecten con la gente.

    ResponderEliminar
  3. Siempre es un placer poder leer sus artículos (interesantes y llenos de buen juicio) y relatos ( excelentes y excepcionales). Sobre esto último echamos mucho de menos los relatos de “La fiel cornuda”. Espero que sea la falta de tiempo y no algún problema personal/familiar, como la vez anterior, la causa de tan larga espera. Muchas gracias por todo.

    ResponderEliminar
  4. Hola. ¡Muchas gracias por comentar! En estos momentos estoy escribiendo la siguiente entrega de la Cornuda fiel. Me lleva tiempo precisamente por mis asuntos familiares y el trabajo. Y que al fin y al cabo, muchas cosas son mejor vivirlas que escribirlas. Pero no te preocupes que sigo con la historia de nuestra cornuda favorita.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Excelentes noticias. Lo esperaré como agua de mayo. Muchas gracias por su atención. Seguiré leyendo sus artículos con mucho interés.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares