Confesión un poco humillante

Esta confesión forma parte de una dinámica. Va sobre lamer, chupar o probar —no sé cómo llamarlo— cremas. Y aquí crema significa crema y no es ninguna forma metafórica de referirme al semen. Cuando quiero hablar de semen digo semen. Aquí crema es eso, crema. 

Por si acabas de llegar a mi blog esto se encuadra dentro de un castigo en el seno de la relación D/s que mantengo con mi marido. Ni qué decir que el castigo de mi Dom está bien merecido y consta de dos partes. La directamente sado-sexual la guardamos para nosotros. La otra es una confesión humillante que debo hacer pública. La orden es clara. Tiene que ser humillante, o al menos no ser la mejor parte de mí, no debe ser sexual y debe ser algo que él no conozca. 



Pues aquí va. Me gusta el olor de su crema "Nivea Men". Pero no sólo eso. No me preguntéis cómo lo sé, pero sabe dulce. Tiene un dulcecito que me resulta agradable. Y todavía hay más. Cuando la probé tuve curiosidad por saber si era una característica de ambas cremas o sólo la de hombre. Así que probé la Nivea normal, la de toda la vida. Y no. Esa no es dulce. Además de un doctorado, dos másteres, una licenciatura, varias estancias de investigación en el extranjero, sexenios de docencia, artículos indexados y estar dirigiendo una tesis doctoral, resulta que me gusta el olor y el sabor de esa crema.



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