Trátame como un objeto.
Para mi, como sumisa que soy, la relación ideal en el ámbito del BDSM es aquella en la que se me trata como un objeto. Nada más leer esto seguro que miles de imágenes comienzan a asaltar tu cabeza calenturienta: mujeres escupidas, pisoteadas, llenas de semen por todas partes, rellenas como si fuéramos pavos con mil artefactos a cada cual más asombroso, azotadas en todas y cada una de nuestras partes sin cuidar las zonas de seguridad, marcadas como ganado bovino, etc. No negaré que en pequeñas dosis cosas de estas puedan gustarme. Soy un poco masoquista. Qué diablos, sincerémonos. Soy bastante masoquista. Pero cuando se pontifica sobre tratar a las sumisas como objetos nos olvidamos de lo obvio: el mundo está lleno de objetos muy diferentes y seguro que tú no tratas a todos por igual. Y yo quiero que me traten como un objeto concreto: un automóvil.
Esta imagen no es mía. Se la debo a mi Dom y me encanta. Para entender las diferencias en las relaciones de sumisión en el BDSM sólo tenemos que fijarnos en cómo la gente trata a sus automóviles. Hay quien los tiene llenos de barro y suciedad ("No lo laves, cría patatas", podría escribirse en el parabrisas de algunos sumisos y sumisas dejados de la mano del destino por sus Dom). Dueños que tienen la tapicería rota, desgarrada, y no se preocupan por cambiarla. Gente que dejan que su coche lo coja su primo, su concuñado y un amigo de Cuenca. Dueños que no le pasan la ITV, ni le cuidan los neumáticos; dueños que tienen el auto aparcado al sol todo el santo día sin cuidar su pintura. Dueños que dejan que los maleantes le roben los adornos y no hacen nada por repararlos. Dueños que no le cambian el aceite. Dueños que no saben conducir y destrozan la palanca de cambios, el embrague y son tan despistados que en vez de gasolina le echan gasoil.
Luego están los dueños que se preocupan. Que mantienen su automóvil limpio y reluciente. Lo llevan a revisión. No toleran que otros lo monten y lo destrocen. Que cuidan cada uno de sus detalles por más pequeño que sea y lo mantiene limpio. Dueños que saben perfectamente qué marcha meter en cada situación sin forzar la maquinaria. Dueños que calibran sus neumáticos para que el coche no haga de las suyas y se dirija allá donde indique la dirección del propietario. Dueños que cuando la carretera lo pide van a cincuenta por hora pero cuando la autopista es buena y no está cerca la Guardia Civil te ponen el auto a doscientos por hora porque saben perfectamente que no hay peligro y controlan la situación. Dueños que buscan dónde guardar su auto y esté seguro. Dueños que al más mínimo rayón lo reparan. Dueños capaces de conducir su automóvil a los sitios más insospechados y sacarle el máximo partido al tiempo que lo mantienen impecable y reluciente.
Si a estas alturas no has pillado la analogía, te la pongo en bandeja: en manos de mi Dom soy un objeto, pero no un objeto cualquiera. Soy como un automóvil de alta gama que debe ser cuidado y mimado. Y puesta a punto y en perfectas condiciones puedo llevarte más allá de lo que tu GPS pueda concebir.



Me ha encantado Isa. El símil me parece fantástico y cuando vea a mi dueño esta misma parte se lo compartiré. Yo también tengo la fortuna de sentirme así en sus manos, como su juguete favorito y mejor cuidado. Y qué agradable es sentirse así.
ResponderEliminarMuchísimas gracias Hécuba. Es toda una delicia sentirse un juguete deseado y mimado. Es la clase de objeto que deseamos ser.
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