Restos Vainillas y BDSM Matrimonial.
Hace poco he comenzado una interesante correspondencia con Hécuba, compañera autora de Todorelatos que además cuenta con un blog interesantísimo y absolutamente delicioso donde cuenta su experiencia cotidiana en una relación D/s. Le llamó la atención ciertas dinámicas y puntos en común que compartimos en nuestra vida como sumisas "a tiempo completo". Sin embargo, una de las cosas en la que no coincidimos es que en mi caso la relación D/s es fruto de la transformación de una relación vainilla previa. La relación con mi Dom no nació dentro de los parámetros del BDSM sino como desarrollo interno de nuestro matrimonio.
Si buscáis opiniones al respecto en internet os encontraréis de todo. Hay gente que piensa que lo propio es comenzar una relación directamente en el marco BDSM ya que de otro modo permanece viciada con ciertos lastres. "No es BDSM auténtico", he llegado a leer sin saber muy bien qué es eso de BDSM auténtico ni quien otorga el certificado de denominación de origen del buen bdsmero. Otra gente ve la transformación como algo bueno. Me encuentro, lógicamente, en este grupo pero de modo crítico ya que no todo es color de rosa. Reseñaré ahora algunos pros y contras al respecto:
PROS.
A favor, sin duda, está la confianza. Ya lo he escrito otras veces pero los años de relación previa te permiten dar el salto con mayor seguridad. De hecho, sinceramente, no sé si hubiera dado el salto con una persona que no conociera de la forma en la que conozco a mi Señor.
También, la complicidad. Aunque fuéramos una pareja vainilla mi Dom siempre ha sabido de mis gustos. aunque creo que no era muy consciente del grado de profundidad de ellos. A veces le proponía un roleplay ("imagina que soy tu esclava y me has comprado"), otras le pedía que me azotara, o le pedía que me dejara lamerle los pies, que me arrodillara o atara... supongo que él lo veía como una especie de guinda a los encuentros sexuales. Algo así como esas prácticas que recomendaba la Cosmopolitan para "dinamizar tu relación de pareja".
Otro punto positivo a destacar es lo excitante del propio proceso de transformación: esa sensación de romper con la rutina pero, de alguna forma, continuar en tu espacio seguro y de confort diría que puede calificarse de erótico. Erótico porque erotiza lo que antes carecía de significado sexual. Ya lo he escrito en alguna ocasión: la fuerza del BDSM es la resignificación. Dar nuevos significados a cosas cotidianas. Con las nuevas dinámicas, esperar su llegada, preparar el dormitorio, elegir el vestido, despertarme, o cualquier otra acción expresa mi entrega al Dom y con ello nuestra vida se erotiza a unos niveles que antes no lo hacía. Tampoco vayamos a fliparlo como si todo el rato estuviéramos calientes. No es eso. Es una tensión sensual, un aroma erótico a veces leve, a veces más intenso que lo impregna todo como antes no ocurría. Y esto es una delicia porque puedes comparar cómo era antes y cómo es ahora.
CONTRA.
Lo peor de haber estado en una relación vainilla previa son, sin duda alguna, las costumbres y rutinas heredadas. Las parejas con el tiempo generamos esas costumbres, muchas veces de modo tácito y sin hablarlo explícitamente, que damos por hecho. Son cosas naturales que siempre hemos hecho así y que ya nos salen de modo natural. En particular yo tenía mis trucos para ganar discusiones con el Dom, generar pequeños "chantajes emocionales" para conducirlo al lugar que quería. Nunca he utilizado el sexo como moneda de cambio pero es cierto que no pocas veces he utilizado el sexo como condicionador pavloviano. Si mi marido se portaba bien, cumplía con mis deseos o consideraba que debía recompensarlo, me portaba mejor en la cama. Por el contrario, si algo no me agradaba o teníamos alguna discusión, me hacía la remilgada y me mostraba menos entusiasta entre las sábanas. Esta dinámica ha cambiado por completo pero no pocas veces siento la necesidad chantajearlo para que me ordene lo que quiero que me ordene.
Y sin embargo, estos "restos vainillas" que pueden parecer impedimentos irresolubles pueden convertirse en el gran aliciente de una relación D/s: algo con lo que disfruto como sumisa es ver cómo el Dom va desmontando mis trucos. Por lo que me dice, en la época vainilla se daba cuenta de algunos —tonto no es, claro está— pero ahora tiene la autoridad y confianza para desmontarlos y domarme. Esta doma me encanta. Ese proceso por el que me doy cuenta que cada día soy más suya y que esos restos vainillas se van desvaneciendo o me los hace tragar son el gran aliciente. Aliciente porque en una relación D/s, como en la vida, es tan importante el final como el camino que se recorre para llegar a él. Y la diversión suele estar, la mayor parte de las veces, en el camino.



Cada pareja tiene sus propias dinámicas, sus propias reglas y leyes que no son extrapolables a ninguna otra relación, ni siquiera a una previa que se haya tenido. Isa, vosotros habéis dado con vuestra tecla y el camino que habéis recorrido hasta alcanzarlo ha sido el correcto si os ha llevado hasta el maravilloso punto en el que os encontráis. ¡A seguir disfrutando!
ResponderEliminar¡Toda la razón, Hécuba! No hay un camino único para las relaciones. Pero lo bonito que exponer los distintos caminos como el tuyo en tu blog o el mío aquí es que quien nos lea pueda compararlo con el suyo. Habrá quien tenga uno completamente diferente, otros parecidos y mucha gente que diga "pues me apetece explorar esta ruta". Yo tengo esa faceta exploradora. Por ejemplo, hablando contigo y leyéndote me están entrando más ganas de utilizar las cuerdas. Toda relación tiene que tener su punto de rutinario y su puntito de indagación en cosas nuevas. Si no gustan, basta con no hacerlas más y explorar otra cosa.
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