Hoy me toca dormir en el suelo.
Hoy me toca dormir en el suelo. Yo misma me lo he buscado. Mira que mi Dom me lo dice bien claro: "No me busques para que te ordene cosas, porque sí te las ordeno tendrás que cumplirlas". ¿Cómo es esto posible? ¿Pero qué clase de relación D/s es esta en la que la sumisa pide que le ordenen cosas?
Estamos ante una paradoja BDSM: si el sumiso pide que su Dom le ordene una cosa, ¿sigue siendo un verdadero acto de sumisión? A los Dom vagos les viene muy bien: el sumiso propone y el Dom dispone. No es mala dinámica pero evita el elemento sorpresa. Y sospecho que con ello, a la larga, acaba con el erotismo de la relación D/s. Pero como sumisa me es casi imposible no sugerirle que me ordene cosas. Es deformación de la relación matrimonial vainilla previa. Para evitar que me pase tres pueblos sugiriendo órdenes y mi comportamiento se acerque sospechosamente al de una dominatrix de incognito, mi Dom tiene una estrategia militar. Digo militar porque según él la aprendió cuando estuvo en el ejército. Según dice, los arrestos que ponía el sargento o el teniente eran revocables por ellos. Los habían puesto ellos y ellos, como autoridad, podían quitarlos a su libre arbitrio. Pero cuando un cabo o un veterano que hubieran dejado al mando ponía un castigo, el mando sí o sí obligaba a cumplirlo. Si no lo hacía, los soldados no tomarían en serio a ese cabo o soldado que al final era tropa como ellos. Es un principio jerárquico básico: el subordinado, cuando ordena, debe tener el respaldo del mando. Pues bien, si mi Dom me da una orden y ve que no puedo cumplirla, puede apiadarse de mí. Yo me muestro sumisamente agradecida y busco la forma espontánea de agradecerlo, generalmente con alguna guarrada sexual que nos guste a ambos. Pero si he sido yo la que, de alguna forma directa o indirecta, he sugerido la orden, entonces no hay vuelta atrás. Como la incumpla hay castigo.
Y esto es lo que me ha ocurrido. Hace unos días que le vengo dando la tabarra con que me paso demasiado tiempo en redes y que no me he puesto con el trabajo de la Universidad. En concreto, tres artículos que debo escribir de aquí a febrero. Insistí tanto y me quejé tanto que, un poco harto (con razón) me dijo que parara de gimotear y que me pusiera de una vez con los malditos artículos. Han pasado cuatro días. No he comenzado ningún puñetero artículo y ha aumentado mis posteos en X. El Dom se ha dado cuenta en la inspección de tareas del día y me ha caído el castigo. Esta vez es uno de los que me gustan porque realmente me incomodan: dormir a los pies de la cama.
Para mí tiene algo de erótico pasar la noche durmiendo en el suelo mientras él duerme plácidamente. Más que erótico, directamente excitante. Cuando no he estado en castidad, esperaba a que se durmiera para masturbarme. Si la cosa os parece un poco humillante estáis en lo cierto. Precisamente se trata de eso, de que sea humillante. Pero tampoco os asustéis si sois remilgados que hay un poco de trampa. Me explico.
La primera vez, todavía novatos en el BDSM, dormí directamente sobre la alfombra. Eso sí que es tortura hardcore de la buena y no el fist fucking anal. Te despiertas doliéndote cada uno de tus huesos. Puede ser que con diecinueve años las sumisas se levanten gráciles y lozanas dispuestas a calmar con felaciones las erecciones mañaneras de su Dom, pero yo me despertaba como anciana incapaz de mover un músculo de mi maltrecho cuerpo. La solución salomónica del Dom fue utilizar la colchoneta hinchable de la playa. Así que la inflo —tengo que ser yo quien lo haga, forma parte de la dinámica— le pongo su cubrecolchón y sus sábanas, una almohada y ya puedo dormir. Es cierto que no es el sumun del confort. De eso se trata. Me despierto también descachimbada pero operativa, que es lo importante. Esto permite que al día siguiente pueda estar en pleno funcionamiento al tiempo que los efectos del castigo perduran y me recuerdan a quién pertenezco. Lo que no cambia es la adoración de sus pies al despertar, porque lo más bonito del castigo es eso mismo. Poder recibir sus pies ya tendida desde el principio.



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