Reseña: "Hazlo, grábalo y mándamelo: los oscuros deseos de Ana Salazar" de Little Malaya (Amazón Kindle, 2025).
La castidad me mantiene en plena efervescencia mental. Como siga así a mi Dom se le agotará pronto el plan de lectura erótica que me tiene preparado porque devoro el Kindle cada noche en los minutos que tengo destinado para ello. En principio vamos alternando un título elegido por él —obligatorio— , y otro elegido por mí que debe tener su visto bueno final aunque —no voy a ponerme en plan sumisa trágica— siempre me lo da. Este ha sido elección propia porque tenía ganas de de introducirme de lleno en una historia de Little Malaya o Mariami —Malaya a partir de ahora—, autora a la que ya admiraba y que tras leer esta historia admiro todavía más. La conocí en Todorelatos pero reconozco que en dicha plataforma hice una cata arbitraria de lectura. Hace tiempo que no disfruto de leer directamente en la web de Todorelatos y prefiero el formato Kindle. Leí de ella un trozo aquí, otro allá pero no de la forma que debe leerse: tranquila en la oscuridad, en un lugar cómodo y con la suficiente concentración como para meterte en una historia larga. La temática “Amor filial” no es de las que más me atraen y por ello me resistí durante un tiempo a hincarle el diente y leerla como ella se debe. Hasta ahora que la bendita euforia de la castidad es capaz de abrir mi mente. Rogad para que mi Dom me siga manteniendo así, porque me siento como esas ollas a presión. Si dejas de darme calor, la presión disminuye.
Malaya escribe con intensidad pornográfica. No es ninguna crítica, ni mucho menos, porque al leerla he encontrado cierta conexión con mi modo de entender la literatura erótica. Mantengo que debe tener algo de crudeza. Simplificando mucho, la literatura erótica puede dividirse entre la que utiliza descripciones ñoñas del tipo «su turgente herramienta encontró expedito el camino que transita por mi cavidad consagrada a Venus» y la que dispara con un crudo «me metió la polla». Yo soy una firme partidaria de la segunda opción y Malaya sospecho que también. Lo cual no indica que sus escritos estén carentes de cualidades literarias o sólo se centren en la genitalidad. Todo lo contrario. Hay algo que la literatura erótica siempre puede ofrecer y Malaya ofrece. Voy a explicarlo.
Imaginemos la siguiente situación. En una habitación, una chica está realizando una felación a un apuesto maromo completamente despatarrado dejando que ella realice su magia. En un vídeo porno convencional eso es lo que ves, eso es lo que hay. Pero la literatura erótica tiene algo que la imagen visual no tiene; especialmente ese porno convencional excesivamente centrado en el primer plano. Podrás fijarte en los pliegues de los labios de ella y en un primerísimo primer plano donde casi puedes ver las células epiteliales del prepucio. Sin embargo, no sabrás qué está pensando. Porque la misma escena cambia completamente de significado según lo que pase por la cabeza de ella (y de él). Lo mismo ella está pensando en que ese tío es una capullo mayor que el que tiene entre sus labios y a ver si se corre pronto para no tener que aguantarlo más. O piensa que ese es el hombre de su vida y a cada lenguetazo quiere apresarlo para pasar el resto de sus días junto a él. Tal vez está cavilando qué hará de comer mañana para su hijo, un holgazán que ha repetido 2º de la ESO. O a lo mejor no tendría que haber aceptado aquel chantaje emocional y ahora no estaría allí haciendo aquello. O él le ha dicho que va a dejarla y ese es el último polvo de consolación y la última vez que ella saboreará aquella carne y está pensando en el amigo que tiene en lista de espera por si acaso. ¿Y él? No es lo mismo que piense que es una guarra y que las mujeres decentes no deberían hacer estas cositas con su boca de piñón a que piense que aquella es la mujer que ama de verdad, la que siempre ha andado buscando tan alejada de la última novia tóxica. Puede sentirse orgulloso de su poder masculino de tenerla allí trabajando oralmente o sentirse desgraciado porque lo que le gustaría de verdad, lo que le brota de lo más hondo de su ser, es que ella le rompiera el culo con un arnés. Cada uno de estos pensamientos cambia por completo el significado de la escena.
Esto es lo que consigue la literatura erótica que los vídeos no consiguen. Y Malaya consigue transmitir estas sensaciones con su escritura poderosa y directa. Como muestra un botón de la obra que intento reseñar:
"El sabor salado me explota en la lengua y tengo la sensación de que mi lengua está latiendo. Cierro los ojos, succionando como sí me fuera la vida en ello y la saliva comienza a gotearme por la barbilla. Estos huevos, joder, son míos.".
Todavía esto es más interesante dado que Malaya ofrece en sus redes vídeos —que no he visto, la verdad— referidos a sus relatos, con lo cual resignifica esos mismos vídeos que ya no son meramente “visuales” sino, de alguna manera, literarios.
Y ahora sí, entremos en la propia obra. Házlo, grábalo y mándamelo: los oscuros deseos de Ana Salazar tuvo un título inicial mucho más fuerte y directo; pero que de algún modo era una gran spoiler, al menos en parte, de ese gran deseo. La trama es sencilla. Ana Salazar, de 19 años y becaria científica, tiene un deseo familiar y ese deseo acabará (¿o no?, lean la historia para saberlo) saciado gracias a sus padres como regalo de cumpleaños. Y sería imprudente decir más porque se destriparía la sencilla trama concebida en tres partes. Esta sencillez no está mal. Tiene la virtud de poder enfocarnos en unas escenas de gran fuerza plástica, pero reconozco que me gustaría que en el futuro Malaya se atreviera con tramas un poco más intrincadas. Como no he leído todo lo que ha escrito lo mismo ya tiene este tipo de obras y estoy aquí metiendo la pata. La versión de Amazón Kindle tiene al final como bonus extra un texto para abrir el apetito y el anuncio de una saga que promete.
Hazlo, grábalo y mándamelo no deja de ser la fantasía del cumplimiento de una fantasía. Y como tal puede que choque a ciertas mentes. ¿Acaso nos importan esas mentes? Como reflexión final me quedo con lo que dice Malaya por boca de la propia Ana Salazar “Mi coño va antes que la humanidad. Entiendo perfectamente bien que pueda no parecerle bien a alguien, pero es lo que hay”.



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