ORDÉNAMELO. Confesiones de una esposa sicalíptica
Quería comenzar esta nueva serie por el comienzo. Parecía lógico. Me parecía lógico. Mi mente analítica lo tenía claro: iniciaré las entregas con mis primeras experiencias sexuales. Estas cosas le gustarán a mis lectores. Pero a él no le gustó. «No comiences así». No se lo dije en el momento pero ahora que seguramente está leyendo estas lineas diré que me puso caliente que me lo ordenara. Intento convertir a mi esposo en mi Amo poquito a poco. Es de esos que se empeña en llamarme su compañera o su amiga. Lo de compañera puedo aguantarlo y lo he aguantado mucho tiempo. Pero lo de amiga me fastidia y siempre me he negado a aceptarlo. Él no es mi amigo porque yo no dejo que mis amigos me den por el culo. Así que si alguna vez hago algún protocolo BDSM lo primero que aparecerá es que “Amiga” sea mi palabra de control.
Jose siempre ha sido respetuoso conmigo. Siempre pidiéndome las cosas por favor o sugiriéndolas cuando las quería. «¿Podrías traerme una cerveza?», «¿Vamos esta noche al centro o quieres ir a otro sitio? Lo que te apetezca». Menos mal que para follar no era así, si no no hubiéramos pasado de novios. En esto es más de comenzar como los militares: lanza primero un pelotón táctico con tocamientos y magreos a modo de vanguardia de reconocimiento y si yo me voy dejando vendrán luego la sección, la compañía y la división completa incluido su Estado mayor. Siempre ha sabido que yo leo literatura erótica de tendencia BDSM. En mi estantería, entre la Teoría pura del derecho de Kelsen y la Introducción al análisis del derecho de Nino está la Justine del Marqués de Sade en la magnífica edición de Isabel Brouard. Y la tengo hasta subrayada. Siempre me ha conocido con estos gustos. A veces los hemos comentado y muy a menudo hago porque explore cosas que me gustan en la literatura y el cine para luego intentar llevar algunas cosillas a la cama.
No he solido insistir en mis gustos bdsmeros hasta la operación. Una operación de úlcera que se medio complicó un poquito. Nada grave pero lo ha mantenido postrado e inoperativo en casa de baja durante unos meses. Me carcomía por dentro que le pasara algo y que no hubiera leído nada de la serie erótica que estoy intentando escribir. Me carcomía no tener más tiempo con él para avanzar un poquito más en nuestra vida como pareja tanto en el plano sexual como el existencial. Llegado un momento se me hizo insoportable tener que aguantarlo a él y a mi hijo en los cuidados. No me malinterpretéis. Los amo y daría mi vida por ellos. Pero mi hijo es pequeño y es normal que actúe como tal. Pero no soportaba tenerlo a él como a un niño allí postrado pidiéndome las cosas sin pedírmelas, sugiriendo, medio lloriqueando que quiere esto, que le molesta lo otro, dándo lástima por cualquier cosa. Nuestro peque de nueve años era más asertivo que él. Así que le pedí que no me pidiera nada por favor. Que no me sugiriera nada. Que directamente me ordenara lo que quería.
No estaba muy convencido. Le cuesta. Pero en el fondo sé que le gusta. Lo sé porque cuando se enfada, cuando verdaderamente quiere algo y le importa, no duda en ponerse brusco y demandarlo. Cuando habla de política es como un dictador capaz de solucionar el mundo con sus órdenes ejecutivas.No ocurre tantas veces como a mí me gustaría pero el macho alfa que lleva en su interior aflora y eso me excita. Me excita mucho. Así que busqué su compromiso. Quise que se comprometiera a ordenarme las cosas. Cuando un hombre es bueno hay que recordarle que en frente tiene a una mujer, no a una niña a la que todavía no le han crecido los pechos. «Tú ordéname lo que quieres. De todos modos, si no quiero hacerlo no voy a hacerlo me lo pidas por favor o me lo ordenes a punta de pistola», le dije. No quiero funcionar por asamblea deliverativa. Si lo tengo claro me opondré a él pero haré el esfuerzo por dejarme llevar.
No ha sido fácil ni lo cumple siempre. Ni él ni yo, la verdad. Pero lo vamos intentando.
Cuando le propuse iniciar estas confesiones personales por el principio, me lo prohibió taxativamente. «No comiences así. No lo hagas». Mi parte sumisa lo aceptaba encantada pero mi parte analítica pedía un porqué. No quise preguntarle. Quise aceptar la orden tal y como salía de sus labios. Pero mis ojos me delataron y entonces mi esposo me lo explicó.
—Si comienzas por el principio te volverá la ansiedad como con la serie de Lore porque querrás darle un orden y el orden es lo que te estresa y te genera ansiedad porque no vas a poder cumplirlo. Y aunque pudieras sería una carga más, innecesaria, que no tienes por qué llevar. Habla cada vez de lo que te de la gana y sin orden.
Por eso me gusta la sumisión. Porque sus órdenes permiten que me exprese sin orden y de alguna manera me libera un poquito de mi ansiedad.
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La serie de ficción, titulada "La Cornuda fiel. Los deseos de Lore" la podéis encontrar en Todorelatos /https://www.todorelatos.com/relato/229300/


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